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La mentira de que no hay que tener hijos

El mal existe. El mal quiere destruir al ser humano. El mal quiere destruir a la familia —contrapeso natural del poder político— y quiere destruir todo lo que representa el hombre blanco, verdadero artífice del desarrollo humano y de las más bellas e importantes creaciones y descubrimientos de la historia de la humanidad.

Panteón de Agripa, en Roma (Italia).

¿Cómo lo pretende conseguir?

Pues, evidentemente, eliminando la argamasa que une a las familias: los hijos; eliminando al hombre blanco y sustituyéndolo por el hombre negro, más deficiente intelectualmente.

¿Y qué herramientas usa el mal para conseguir eso?

Usa a auténticos servidores del mal —camuflados de filántropos— como George Soros.

Usa a políticos, que sirven de tontos útiles. Como los legisladores del Estado de Nueva York, que acaban de aprobar, entre risas y aplausos, una ley para poder matar a un bebé hasta el momento justo antes de nacer (lo que demuestra que al final no se trataba de un debate sobre si “es un niño o un feto”, o si “es un feto o un conjunto de células”, sino que se trata simplemente de impedir nacimientos, y siempre ha sido así):

Y el mal también usa a servidores que saben que están sirviendo al mal, pero que aún así lo hacen por dinero. Como el periódico El País, que no está formado por periodistas sino por mercenarios sin escrúpulos, capaces de hacer el mal a la sociedad en la que viven con tal de tener unos euros más en sus bolsillos.

Desde El País te envían constantemente mensajes para convencerte de que tener más de un hijo deteriora tu salud:

A las mujeres se les dice que para ser moderna y feminista hay que renunciar a los hijos:

Si además quieres estar comprometido con el planeta y combatir el cambio climático, debes renunciar a traer niños al mundo:

Y si te tienes por alguien solidario, partidario de el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, tienes que estar a favor de reducir la natalidad:

Sin embargo, cuando nos han convencido a todos de que el camino a seguir es este —la reducción de la población—, nos cuelan reportajes como estos:

La mayoría de la gente no se detiene a analizar el comportamiento de medios como El País, como aquí estamos haciendo. Pero quien sí lo analiza se da cuenta de que algo falla. No puede ser que nos pidan que paremos de tener hijos porque “no es sostenible este aumento de la población”, y al mismo tiempo quieran convencernos de traer negros a España “para salvarla de la despoblación”. Es incongruente.

Sin embargo, a mí no me parece tan incongruente, sabiendo qué hay detrás de todo esto. A mí me parece que está bastante claro el propósito: eliminar al hombre blanco (haciendo que deje de reproducirse) y reemplazarlo por el negro.

Cada vez que una feminista te justifique el aborto diciendo que un embrión es “un conjunto de células”, sólo enséñale esta foto de un bebé de 10 semanas. Con deditos y todo:

Y si te dicen que hay que dejar de tener hijos por la sobrepoblación mundial, tú puedes responder que según las estadísticas oficiales la tasa media de fertilidad en Europa es de 1,62 (o sea, en Europa las familias tienen de media 1 ó 2 hijos), mientras que en África es de 4,04 (con países en los que las mujeres llegan a tener 6 hijos de media). Quizás la solución no sea que los europeos tengan menos hijos de los que ya tienen, sino pararles la fiesta a los africanos.

Aunque en el fondo a mí no me importa que exista el aborto. Sólo una degenerada puede matar a su propio hijo que crece en su vientre. Si ese niño nace, con toda probabilidad se convertirá en otro degenerado como su madre. Así que el aborto está facilitándole el trabajo a la selección natural: impidiendo que los degenerados se reproduzcan.

Tú y yo de lo único que debemos preocuparnos es de ganar mucho dinero, porque el dinero te da la libertad, así que cuanto más dinero tienes más libre eres. Y cuando tienes total libertad puedes irte de tu país si ves que este se derrumba, y mudarte a otro más próspero.


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