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Las mujeres son como los perros

Me he dado cuenta de que existe un gran resentimiento hacia las mujeres. Y ese resentimiento hacia las mujeres viene del hecho de que muchos os habéis creído las mentiras marxistas sobre la igualdad. (En fin, cuando esperas que alguien sea igual que tú y resulta que no lo es, te frustras.)

Si en vez de eso aceptas que las mujeres no son iguales que nosotros, podrás apreciarlas como lo que son: mujeres.

Dicho esto, compartiré contigo algunas perlas de sabiduría sobre cómo cuidar adecuadamente a una mujer.

Lección 1ª: Las mujeres son como los perros

Las mujeres son como los perros

Las mujeres son como los perros. Y no digo esto como un insulto (¡los perros son fantásticos!), simplemente me refiero a que, igual que no hay perros malos sino dueños malos, no hay mujeres malas sino maridos malos que no tienen ni idea de cómo tratar a su mujer.

Para tener a un perro contento tienes que pasar mucho tiempo con él. Te tiene que gustar hacer cosas con tu perro y debes darle mucho cariño. También tienes que saber apreciar su plena disposición a servirte en todo lo posible. Si no te interesan los perros, ni te gusta su compañía, ni se te ocurre ninguna manera de que te sirva, ¿para qué querrías un perro? Tendrías un perro infeliz, ¡y un perro infeliz haría que tu vida también fuese infeliz!

Ahora, en el párrafo de arriba, sustituye la palabra perro por mujer y date cuenta de que sigue siendo perfectamente fiel a la realidad.

Algunos hombres se piensan que pueden tratar a una mujer como a un televisor; que pueden encenderla cuando les apetezca entretenerse, y apagarla y que deje de molestar cuando tengan otras cosas que hacer.

Lo siento, pero los perros no funcionan como los televisores, y las mujeres tampoco.

Si tienes un perro sólo porque te gusta tener a alguien que se alegre de verte cuando llegas del trabajo, pero no lo quieres para nada más, terminarás convirtiéndolo en un perro miserable e inútil que ni siquiera se alegrará de verte porque no tendrá razones para ello. Sin embargo, el perro que tiene una relación satisfactoria con su dueño sentirá telepáticamente cuándo éste sale del trabajo, y se preparará enseguida para su llegada. El perro se emociona porque va a llegar el evento más importante del día para él: “¡Mi dueño viene a casa! ¡Qué alegría!”

Una vez más, todo esto se aplica exactamente igual a la mujer. Aunque no tenga cola para menearla a tu llegada, una mujer feliz y satisfecha siempre saluda a su dueño con una sonrisa y un sándwich (lo cual es incluso mejor que la alegría del perro).

Entonces, ¿qué puedes hacer para conseguir una mujer de estas, feliz y satisfecha?

La mayoría de los hombres piensa que su mujer tiene algún tipo de defecto o algo, porque no actúa como se supone que debería. Cuando comenzó a salir con ella era una criatura adorable que lo miraba con ojos de admiración, pero con el tiempo se ha convertido en una perra mala y frígida por alguna razón desconocida. Será que ha llegado el momento de devolver ese pez al mar, ¿verdad?

¡Pues no! Nada más lejos de la realidad.

Tu mujer está actuando precisamente como la naturaleza la predispone a actuar; eres tú el que no funciona adecuadamente. Eres tú el que convirtió a esa adorable criatura en una bruja, porque no te leíste el manual de instrucciones. Si te arreglas a ti mismo y arreglas tu conducta, tu mujer volverá a funcionar como antes. La culpa es 100% tuya, y es tu responsabilidad arreglarlo.

Por favor, lee estas verdades hasta que las aceptes, y cuando las aceptes estarás preparado para la siguiente lección.

Lección 2ª: Los hombres tenemos poder

Los hombres tenemos el poder

Eres un hombre, y la raíz de todos tus problemas con las mujeres es que no tienes idea de cuánto poder realmente tienes sobre ellas. La razón es el hecho de que los hombres somos más fuertes que las mujeres, no sólo físicamente sino también mental y espiritualmente.

Esto no significa que tú seas más inteligente que ella, o más sabio, o mejor que ella en todo. Solamente significa que tú eres firme y estable en tu esencia espiritual, mientras que ella es blanda y flexible. Por lo tanto, tú tienes la capacidad de moldearla y transformarla, y ella se adaptará a cualquier forma que quieras darle, se adaptará a cualquier deseo tuyo.

¿Qué ocurre cuando una imparable y pura fuerza de voluntad (un hombre) choca contra una suave nube de amor desinteresado (una mujer)? Que la fuerza imparable atraviesa la nube sin sentir resistencia alguna. La nube, por su parte, ha sido afectada profundamente por ese encuentro; toda su existencia se transforma.

Una mujer no puede hacer nada para contrarrestar el poder que tienes sobre ella, y si no le gusta la forma en la que la has moldeado, no tiene otra opción más que quitarse de en medio. Ésa es la razón por la que la mayoría de los divorcios son iniciados por las mujeres. No es porque “el feminismo las ha envenenado” sino porque los hombres las destruyen —normalmente por no prestarles atención— y sólo se pueden defender huyendo.

¿Empiezas a entender la profundidad de tu responsabilidad al tener un poder tan absoluto sobre otro ser humano?

Cada palabra que sale de los labios de un hombre hacia una mujer es como para ti la palabra del mismísimo Dios. Ella podrá estar en desacuerdo contigo completamente, pero no podrá deshacerse del gran poder que ejerce tu opinión sobre ella, y por lo tanto se amoldará a tu opinión aunque no le guste. Si le pides que baile, bailará, pero si no quería bailar se sentirá mal al tener que hacerlo. No te odiará a ti, se odiará a sí misma porque le estás dando una forma que no quiere tener. A nadie le gusta ser algo que no quiere ser, y eso es lo que tú le estás haciendo a ella una y otra vez.

Eso es lo que la convierte en una perra mala y frígida.

Por lo general, el hombre no es consciente de su enorme influencia sobre la mujer. Al menos hasta que llega el momento en el que ella ya no quiere follar con él (ahí sí se da cuenta de que algo no va bien). Pero raras veces se entera de cuál es el problema.

Te contaré una breve historia para ejemplificar todo esto:

Hace poco, hablando con una señora mayor, le comenté que estaba construyendo en mi casa un acuario. Esto la enfadó mucho. Se volvió loca, como si fuese una devota cristiana y yo le hubiese descrito cómo introduzco mi pene en los anos de otros hombres. La idea de los acuarios le parecía una calamidad, un pecado, como si Dios hubiese declarado que los acuarios son Satanás.

Así que hice de psicólogo y hablé con ella del tema, tratando de comprenderla, hasta que llegué a la raíz del asunto y di con lo que la llevó a tener una opinión tan negativa de los acuarios.

Resulta que todo viene de un hecho que se produjo con su marido años atrás. Durante el desayuno, ella le dijo que le gustaría tener un acuario en el salón, y él no respondió: se limitó a mirar por la ventana. Eso fue todo. Nunca le dio su opinión sobre los acuarios. Quizás ni siquiera le prestó atención; puede que el hombre estuviera pensando en sus cosas, su mujer lo interrumpió y él miró por la ventana para evitar que ella lo siguiera molestando. Pero para ella, el amo todopoderoso de su corazón y de su espíritu le acababa de demostrar su desprecio hacia los acuarios. ¿Qué opciones tiene una mujer en ese momento? Pues puede decidir no cambiar su opinión sobre los acuarios y en todo caso divorciarse por eso, o puede hacer lo que las mujeres hacen por regla general hasta que ya no aguantan más: amoldarse a la voluntad de su marido y cambiar de opinión para tener la misma que él. La señora escogió la segunda opción y se reprogramó para odiar los acuarios el resto de su vida. Así, salvó su relación a cambio de suicidar su propia personalidad.

Las mujeres hacen este tipo de cosas constantemente.

Cada vez que le dices a una mujer cosas sin pensarlas bien, cada vez que frunces el ceño, cada vez que haces un gesto de desagrado con la boca, ella lo percibe.

Te parecerá una locura desde tu perspectiva de hombre, pero así son las mujeres, y tú querías tener una, ¿verdad? ¡Pues entonces aprende a tratarlas!

¿Cómo debes tratar a tu mujer? Teniendo cuidado con lo que dices y con tu manera de actuar delante de ella. Y no sólo eso: tu mujer también es capaz de detectar cuándo estás haciendo el paripé, así que también debes tener cuidado con lo que sientes cuando estás con ella. Porque ella lo sabe; te aseguro que sabe lo que sientes aunque no sepa la causa.

Al marido de la señora con la que hablé de acuarios quizás le molestó que ella le interrumpiera —probablemente porque él quería desayunar en silencio—, y ella percibió la reacción negativa de su marido a su comentario (porque las mujeres siempre lo perciben).

No puedes tener actitudes negativas delante de tu mujer sin que eso traiga consecuencias, tu opinión es de gran importancia para ella.

En resumen, hay tres fases en la vida de casado:

  1. Todo va bien.
  2. Ya no quiere follar, ¿qué coño le pasa?
  3. Divorcio.

La relación siempre se puede salvar y convertirse en una relación de perfección divina —aunque lleves años en la fase 2— si empiezas a hacer las cosas bien.

Lección 3ª: Las mujeres quieren que las uses

Las mujeres quieren que las uses

Esto es algo que los hombres nunca entienden porque es completamente ajeno a su perspectiva, pero lo cierto es que la clave de la felicidad en una mujer es sentirse útil para quienes la rodean. Necesita tener la oportunidad de servir a otros. Es como si tuviera un enorme vacío en su interior que necesitase ser llenado. Y tú eres quien llena ese vacío cuando la encuentras útil. El mayor regalo que puedes darle a una mujer es valorar su existencia. Tú tienes el poder de darle a tu mujer una profunda sensación de propósito vital y de realización personal que no podrá conseguir de ninguna otra forma por sí misma. Es tu validación lo que confirma su identidad como mujer, y ella te amará con locura por ello.

Ésa es la razón por la que una mujer feliz hace tantas cosas por su marido y por sus hijos sin esperar nada a cambio.

En absoluto se trata de una búsqueda de la igualdad en el sentido de un equilibrio en el reparto de tareas (para ella, las cosas no son así, aunque no lo creas). Para ella, la clave es sentirse satisfecha en su papel. Si nota que es apreciada por su servicio y se siente profundamente querida y respetada como mujer y como madre, entonces el reparto de tareas domésticas podrá irse a la mierda, podrá estar completamente desequilibrado, que ni siquiera lo notará. Su marido podrá ser un gordo en el paro al que tiene que mantener trabajando a jornada completa, además de hacerle de comer cuando llega a casa y limpiar para él, que a ella no le importará hacerlo si se siente satisfecha.

Este sentimiento de satisfacción nace cuando se siente apreciada e importante. La cantidad de trabajo que tenga que hacer le dará igual, el único límite a la capacidad de trabajo de una mujer es las horas que tiene el día.

Cuando una mujer se queja de la falta de igualdad en una relación, eso sólo significa que se siente despreciada e infravalorada. No tiene nada que ver con llevar las cuentas de quién le debe qué a quién. Las mujeres no llevan esas cuentas cuando están contentas; las únicas cuentas que llevan son las de cómo las haces sentir. Si las haces sentir bien, entonces todo estará bien, y punto.

Deja que tu mujer lo haga todo si quieres, pero jamás te avergüences de no contribuir lo suficiente. Mírala a los ojos y no te avergüences de ti mismo, sintiéntete orgulloso de ella. Mira cómo trabaja y admírala abiertamente por sus habilidades y sus fortalezas. Y échale una mano cuando puedas y cuando lo necesite, por supuesto; lo apreciará, pero de verdad que no es necesario porque no es eso lo que en el fondo la mueve.

Como hombre, es importante que te des cuenta de esto, porque lo peor para arreglar una relación que se va a la mierda es hacer lo que ella te diga que debes hacerElla no tiene ni idea de lo que quiere porque es una mujer. ¡Si supiera lo que quiere, sería un hombre!

Si tu mujer se queja de algo, por ejemplo de que no has lavado los platos, podrás lavar todos los platos que quieras, que eso no cambiará la situación (lo más probable es que cuando termines con los platos se queje de que nunca pones la lavadora). Esto sucede porque la frase “nunca lavas los platos”, a ti como hombre te suena a “tienes que hacer tu parte proporcional de las tareas domésticas”, pero lo que realmente significa es “no aprecias las cosas que hago por ti, me estoy desviviendo por atenderte y tú ni siquiera te das cuenta, ya no me quieres”.

El problema es tu falta de atención, no la falta de igualdad en el hogar. Si en lugar de arreglar el problema de fondo, que es tu falta de atención, te pones a lavar los platos, lo más probable es que le termines prestando todavía menos atención que antes porque consideres que las cuentas están saldadas y ya no tiene por qué quejarse. Así pensamos los hombres… ¿Tú crees que a ella le importa saldar las cuentas? Lo que quiere es servirte y sentir que la aprecias por ello.

Apréciala cuando lave los platos y no le importará hacerlo, hagas o no tu parte de las tareas del hogar. Lo que hagas o dejes de hacer tú es irrelevante para su felicidad, diga ella lo que diga. De hecho, lo mejor que puedes hacer es no tomarte las cosas que te dice nunca en serio; simplemente está expresando su descontento, eso es todo. Si cuando se queja entiendes las cosas que te está diciendo desde la perspectiva de sus sentimientos e ignoras el contenido de las palabras, entonces las probabilidades de arreglar tu matrimonio aumentarán un 10.000%.

Los hombres creen que “servir” implica ser un esclavo, pero esa es una perspectiva distorsionada, es una perspectiva masculina de una virtud femenina.

La perspectiva femenina es distinta. Mientras tú como hombre estás pensando en tus cosas —y te fastidia que te saquen de tus cosas para pedirte que te conectes con lo que te rodea—, una mujer está constantemente conectada a todo lo que tiene a su alrededor. No está mal que te aisles —es lo que tienes que hacer para cumplir tu función como hombre—, pero una mujer siempre forma parte de todo lo que tiene a su alrededor de una manera difícil de entender para un hombre. Para una mujer, la palabra “servir” significa “formar parte del todo y cumplir con tu propósito”; ella está siempre pendiente de lo que la rodea y sabe que forma parte del todo, pero no siempre está al tanto de cuál es su propósito a menos que tú se lo des. A ella le cuesta separar sus sentimientos y sus emociones de las cosas que la rodean, y por eso se confunde.

Las consecuencias de dicha perspectiva femenina son dos:

  1. La mujer tiene acceso a un tipo de sabiduría diferente; le gusta expresarse artísticamente con una creatividad que pocos hombres tienen. No intentes competir con ella, deja que use sus talentos para servirte.
  2. La mujer es como un barco sin capitán: no tiene la capacidad de dirigir su rumbo, así que te necesita a ti para que hagas el papel de capitán. Un barco sin capitán no va a ninguna parte, y un barco que no va a ninguna parte es un barco insatisfecho, porque él fue construido para navegar.

Lección 4ª: Crea tu propia mujer ideal (o cómo convertir un trapo en seda)

Crea tu propia mujer ideal

Finalmente, hemos llegado al grano.

Quieres que tu mujer sea guapa y talentosa, y te aseguro que ella también quiere serlo, así que ¿por qué no utilizar el poder que ejerces sobre ella para hacer que vuestros deseos se cumplan? Piénsalo, ella está constantemente amoldándose a lo que interpreta que tú quieres de ella. Si esto ocurre de forma natural y es algo que no puedes cambiar, ¿por qué no tomar el control del proceso y enviarle señales que contribuyan a alcanzar ese objetivo deseado por ambos? ¿Por qué no? Date cuenta de que no hay prácticamente nada que una mujer no esté dispuesta a hacer para complacer a su marido una vez que este le ha dicho lo que quiere. Algunos hombres lo hacen de manera natural, e incluso los hay que se aprovechan de eso de una manera tan egoísta que me parece desolador (un ejemplo es la devoción que sienten algunas prostitutas por sus proxenetas).

Pero el poder masculino no es malo por naturaleza, puedes usar ese poder para el bien.

Si ya has estropeado a tu mujer durante años por no prestarle la debida atención y no darte cuenta de cómo tu desinterés le afectaba, mi sugerencia es que empieces ya a revertir ese proceso y lo arregles. Es más fácil de lo que crees porque, como te dije antes, una mujer hace lo que sea por su marido. Piénsalo: si una puta folla con miles de desconocidos para mantener el nivel de vida de su proxeneta —¡por Dios!—, la tuya puede arreglarse un poco y sentirse bien consigo misma por ti. Nunca dudes de la capacidad de tu mujer para alcanzar cualquier meta que le pongas por delante.

Bien, vamos a hacerla guapa de nuevo. Asumo que tu mujer no era fea cuando os conocisteis (algo habría en ella que te atrajo al principio… yo supongo que ella se ha ido dejando con el tiempo porque eso es lo que suele pasar en estos casos). Ahora que sabes que eres 100% responsable de esta lamentable situación, vamos a analizar cómo enseñaste a tu mujer a ser descuidada con su apariencia:

  1. Te preguntó qué pantalones debía ponerse y tú le respondiste con un gruñido y ni siquiera levantaste la mirada para verla. Ella lo interpretó como que su apariencia te da igual.
  2. Llegó a casa con un corte de pelo nuevo y no le hiciste ningún comentario positivo. Para ella, esto fue una señal de que ya no la encuentras guapa.
  3. Quería comprarse una joya y tú le dijiste que era un malgasto de dinero. Eso le indicó que ella para ti vale muy poco y que no crees que sea lo suficientemente guapa como para merecer ponerse cosas bonitas.
  4. Te pidió que le subieras la cremallera del vestido cuando ibais a salir y no usaste la oportunidad para darle un beso en el cuello como solías hacerlo. Este gesto fue para ella un indicio de que ya no la quieres como antes.

Podría añadir quinientos ejemplos más, y cualquier mujer podría añadir muchísimos otros, pero imagino que te habrá quedado clara la idea.

¿Cómo revertir ese daño que sin querer le hiciste?

Muy sencillo. Simplemente usando tu poder para inventarte señales simples que ella pueda interpretar, y usándolas cuando veas la oportunidad. Algunos ejemplos:

  1. Fíjate en lo que lleva puesto. Hazlo de manera que parezca algo espontáneo, como si algún detalle te hubiera llamado la atención y no hubieras podido evitar comentarlo. Dile: “¡Vaya! ¡No te veía con esa falda desde hacía mucho tiempo!” No tiene por qué ser un cumplido, simplemente le estás queriendo decir que te has fijado en cómo va vestida, que le prestas atención. No necesitas más.
  2. Cómprale un collar y dáselo de manera casual. Dile: “Vi esto por la calle y pensé que te quedaría bien con los pendientes que solías ponerte”. Este comentario está lleno de información jugosa para que su cerebro rumie durante horas: 1) sí la quieres, después de todo, 2) piensas en ella cuando vas por la calle, 3) te gusta cuando se pone pendientes y se arregla, 4) te diste cuenta de que ya no se pone los pendientes, 5) te das cuenta de que últimamente va desarreglada, y eso te molesta, 6) estás convencido de que es guapa si lo intenta, 7) eres tan considerado que le dices estas cosas con sutilidad para no herir sus sentimientos… Ella va a darle muchas vueltas al coco, buscando todos los significados ocultos detrás del detalle. Te lo aseguro. Y dará igual si los pendientes combinan con el collar o no —tu mujer es consciente de que eres un hombre y no eres muy bueno para esas cosas—, la cuestión es que le habrás dado un buen motivo para volver a ponerse aquel vestido que sí combina con el collar que le has regalado, y quizás hasta se compre unos pendientes nuevos.
  3. Cógele el culo jugando cuando pase por al lado tuya y dile “¡guapa!”, quitando la mano inmediatamente, sonriendo y siguiendo a lo tuyo, mientras ella juega a quejarse. Esto tampoco hay que repetirlo mucho, sólo se trata de sorprenderla en un momento dado. Sólo es un gesto que le indica que todavía te gusta. Y el hecho de que el asalto haya sido un juego y que la hayas dejado irse inmediatamente después disipará cualquier tensión sexual; solamente estabas jugando, no estabas esperando nada sexual por su parte en ese momento, así que puede relajarse.
  4. Cuando estéis durmiendo juntos, acaríciale la pierna y dile “mmmm… qué suaves”. No te sorprendas si empieza a depilarse de nuevo, porque sabrá que es algo que te gusta (se lo dijiste).

Deberías inventarte muchas cosas como estas. No es difícil comunicarle a tu mujer lo que quieres. Ellas son expertas en interpretar las pistas que les das, y además les gusta hacerlo (de hecho, es mucho más sencillo usar pistas sutiles que explicarles todos los detalles verbalmente).

Puede que al principio sientas que eres un manipulador cuando hagas estos ejercicios, es normal, pero tus sentimientos personales son irrelevantes porque a tu mujer le gustará el misterio y el juego. Le gustará mucho toda la atención que le estás prestando y entenderá que le estás dando pistas de la dirección que quieres que tome. Lo único que le estás comunicando es que te importa. Y ella quiere que la dirijas, porque después de todo eres el capitán.

Juega con estas cosas y verás cómo se transforma, cómo se arregla y se pone guapa en poco tiempo.

Lección 5ª: Las mujeres son creativas

Las mujeres son creativas

Los hombres son diferentes entre sí: unos son inteligentes, otros son tontos, a algunos les va el fútbol, otros prefieren el golf, y los hay que incluso odian los deportes. Hay un montón de intereses típicos de hombres, pero no hay dos hombres a los que les interese exactamente lo mismo.

Las mujeres son mucho más parecidas entre sí: todas ellas comparten los mismos intereses básicos femeninos. Vale, quizás encuentres alguna mujer rara a la que le gusten las matemáticas y haga cosas de esas, pero vamos a ignorar los casos atípicos y a hablar de las mujeres auténticas, las mujeres con las que nos cruzamos cada día. Vamos a hablar del tipo de mujer con la que a ti más te gustaría casarte.

La mujer auténtica es una apasionada del arte y la creatividad en todas sus formas.

Lo que primeramente le gusta más a una mujer es todo lo relacionado con las artes tradicionales de las mujeres: cocinar, tejer, coser, la decoración, la belleza y el maquillaje, tener y criar hijos (no olvides esto último; tener hijos constituye la actividad creativa por excelencia: ¡estás creando personas nuevas!).

Además, les encantan todas las artes académicas: pintar, cantar y hacer música, bailar, escribir poesía o novelas.

Si a tu mujer le ves poco interés o aptitud para estas cosas, sólo significa que tiene la autoestima baja. Súbesela y anímala, y verás qué pronto saca la artista innata que toda mujer lleva dentro.

¿Por qué te interesa estimular a tu mujer para que exprese su lado artístico? Por muchas razones: primero, porque será capaz de crear cosas increíbles que enriquecerán tu vida inmensamente; segundo, porque es probable que también mejore tu vida sexual; tercero, porque tus vecinos llorarán de envidia (todo hombre quiere una mujer así de apasionante y talentosa… ¡y toda mujer quiere serlo!). Pero, sobre todo, porque esto hará que tu mujer esté feliz y contenta a un nivel imposible de alcanzar para ella en caso de tener inactiva su vena artística.

Si amas a tu mujer, deja que sea artista, ¡es tan simple como eso!

Tengo un amigo que es un auténtico maestro en este sagrado arte de aflorar la vena artística de su mujer, y coincide conmigo en todo esto, así que puedo aconsejarte en este asunto con total garantía.

La mujer de mi amigo pintó todas las paredes de su casa. Ha diseñado, cosido o tejido cada prenda que tanto ella como mi amigo visten. Cocina increíblemente bien, se inventa platos nuevos y muy ricos todo el rato (¡incluyendo postres!). Hornea el pan. Pinta. Canta canciones que ella misma escribe, se acompaña con la guitarra o el piano y graba su música con sintetizadores, etc. (¡y así con 40 canciones!). También ha empezado a escribir una novela. Y lo hace todo de forma brillante…

Como dije antes, lo único que limita a una mujer son las horas que tiene el día.

Pero de lo que hay que darse cuenta aquí es que, aunque sea ella la responsable al 100% de hacer todas las cosas que hace —las cuales hace por su propia voluntad y a su manera—, no haría nada de eso si no sintiera que su marido la apoya psicológicamente (especialmente, sin reprimir su creatividad mandándole señales negativas y ensuciándola psicológicamente). De no ser así, la mujer de mi amigo se habría convertido en la típica amargada y aburrida con las que los hombres menos inteligentes terminan casándose, no importa cómo de prometedora pudiera haber sido ella antes de la relación. O se divorciaría de mi amigo. O lo asesinaría mientras duerme (porque, si tú matas el alma de una mujer, ¿qué, si no, puedes esperar a cambio?).

Tu papel como hombre es darle a tu mujer el impulso de confianza y la atención —positiva y amable— que ella necesita para hacer sus cosas. Nada más. Déjale el resto a la naturaleza, ¡tú siéntate y sorpréndete!

Pongamos que tu mujer escribe unos versos y te los da, con un poco de reparo, para que los leas. Pues tú los lees y abres tu corazón para absorber honestamente su esencia y sentir de verdad lo que ella escribió, y a continuación expresas lo que sea que te venga a la mente sin filtrarlo demasiado por tu lógica masculina. Este tipo de valoración es la más útil para ella, no sólo porque tú demuestras interés por su trabajo y lo valoras (¡luz verde del capitán!), sino porque ella siempre está de alguna manera “canalizando” sus sentimientos cuando crea. Ella no sabe del todo de dónde le viene esa necesidad de expresar su arte; existe una sabiduría oculta de la que ni ella misma es consciente, y tú puedes hacer que esa sabiduría aflore.

Por alguna razón, para un hombre es fácil localizar las perlas de sabiduría y la grandeza en el trabajo de una mujer. Cuando lo haces, consigues que el acto de escribir sea más profundo y gratificante para ella. Y de esta forma, ella gana más confianza y escribe más. Y quizás así termine escribiendo una novela que se convierte en un best seller. La habrá escrito ella sola, pero no podría haber sucedido sin tu apoyo. Unas palabras de apoyo y un poco de interés genuino en su trabajo; eso es todo lo que se necesita.

¡Te aseguro que este es el millón de dólares más fácil de conseguir!

Voy a terminar contándote un pequeño secreto oscuro sobre la mujer de mi amigo que ni siquiera ella misma sabe.

Al parecer, ella empezó a escribir una novela y no la terminó (está cogiendo polvo en el cajón). Hace unos meses le comentó a mi amigo: “Debería terminar la novela, es bastante buena, ¡no sé por qué no lo hago!”. Mi amigo me ha confirmado que, efectivamente, la novela es bastante buena (al menos lo que lleva escrito hasta ahora), sin embargo hay un motivo por el cual ella no ha terminado su novela: porque él ha hecho que pare. Normalmente mi amigo la apoya como un campeón en todo lo que hace, sin embargo la última vez que leyó su trabajo le dio una valoración positiva, pero sin añadir ese apoyo emocional de fondo, ese “¡vamos, pequeña!”, esa energía (energía que debe acompañar a toda valoración si se quiere que, además de positiva, sea útil para una mujer). Por lo visto, mi amigo contuvo esa energía conscientemente.

Será mal bicho…

Cuando le pregunté por qué lo hizo, me contó que tenía miedo a que los editores rechazaran la novela de su mujer aunque fuese buena, y él no quería verla destrozada (porque después sería él quien tendría que volver a empezar de cero el trabajo con ella). Yo sé que eso es egoísta de principio a fin, pero al fin y al cabo la función de mi amigo es decidir si su mujer tendrá éxito en algo o no, y eso fue exactamente lo que hizo: la amoldó.

¿He dicho ya que los hombres tenemos un poder increíble sobre las mujeres, y que un gran poder conlleva una gran responsabilidad?



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