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Qué fácil es follarse a una camarera

Billetes en la cartera

La mayoría de las veces pago con tarjeta. Tengo varias de ellas asociadas a diferentes cuentas, cada una de las cuales uso para gastos determinados: una es para restaurantes, otra para hoteles, otra para transporte, otra para gastos varios, otra para sacar dinero del cajero, etc.

Aún así, siempre me gusta llevar 1.000 dólares en metálico en la cartera. Por lo que pueda pasar: que no me funcione ninguna tarjeta, que en el sitio donde esté no acepten tarjetas… pero sobre todo para ligar.

Créeme: ligar es mucho más fácil cuando demuestras poderío económico. Muchas feminazis se echarán las manos a la cabeza con esto que estoy diciendo, pero tú créeme a mí. Tú sacas la cartera, enseñas los billetes como el que no quiere la cosa y automáticamente a la tía con la que estés se le caen las bragas.

Esto sucede de forma especial con las camareras: tías que por lo general están buenas, y que, además de estar explotadas en sus trabajos, no cobran una mierda a fin de mes. Con lo cual ven a un cliente simpático y solvente, y es muy fácil que se abran de piernas.

Concretamente, las camareras más fáciles y más guarras que he visto jamás son las sudamericanas. Les dices que eres español y ya tienes tema de conversación.

Así que, aprovechando que estoy de visita en Chicago —donde la mayoría de restaurantes están atendidos por mexicanas—, anoche pasé por delante de un restaurante en el que vi a una camarera que me gustó y decidí cenar allí.

Ella era joven, de unos 18 ó 19 años (casi la mitad que yo). Era guapa, y tenía las tetas y el culo bien puestos. Como no podía ser de otra forma, era originaria del norte de México (las del sur parecen más chimpancés que mujeres, y esto es algo que sabrás a poco que conozcas México y tengas amigos allí, como es mi caso). Con lo cual, yo ya tenía un segundo tema de conversación que además me daba pie a piropearla y a coquetear con ella. Nada más preguntarle si era del norte de México y de explicarle por qué lo sabía yo, se le cambió la cara y entendió que no estaba hablando con un cualquiera. A las del norte les gusta que recalques lo blanquitas y guapas que son en comparación con sus paisanas indígenas del sur.

Yo ya veía que tenía el trabajo casi hecho con ella. Pero lo tuve hecho del todo en el momento de pedirle la cuenta. En ese punto saqué mi cartera, mostré con disimulo el fajo de 20 billetes de 50, y aún así preferí darle una tarjeta para que se cobrara. Como diciendo: “estos billetes sólo son calderilla para mí”.

Resultado: he pasado una noche increíble con una joven mexicana encantada de que un españolazo le echara todo dentro una y otra vez. No sé dónde leí una vez que la mejor viagra que existe es follar con chicas jóvenes y diferentes cada día, y estoy totalmente de acuerdo.

El dinero te abre puertas… y también piernas.

Ten dinero. No le tengas asco. Sé inteligente para ganarlo y disfruta de las mieles del éxito.



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